viernes, 15 de febrero de 2013

Viejo (4 de 4)




Viejo (4 de 4)


       

         Cuando por  fin decidieron enfocar, la vio. Allí estaba ella, como siempre, junto a la puerta, mirándole con triste ternura. No podía ser de otra forma.
         —Hola cariño —dijo ella.
         —Hola amor —contestó él— ¿Otra vez he estado ausente?
         —Sí, otra vez. Llevo veinte minutos aquí. Pero estaba segura de que volverías.
         —Es cada vez más a menudo ¿verdad?
         Él sonrió débilmente. La miró. Aunque ya eran muchos años, le pareció preciosa.
         —Volveré siempre que pueda. Eres preciosa, no tengo más remedio.
         —Lo sé. Te quiero —contestó acariciándole la mejilla—. Lo sé.
         —Yo también te quiero.
         Al decir esto, sonrió de nuevo. Sintió que había ganado un poco de tiempo al decirlo. Quiso  un poco más.
         —Te quiero —repitió— te quiero.
         Y con la misma sonrisa, su vista volvió a nublarse y comenzó de nuevo a soñar.
 

          Toño Diez.



Safe Creative #1301284444924

jueves, 14 de febrero de 2013

Viejo (3 de 4)





Viejo (3 de 4)




         Y había más cosas como haber observado más veces el atardecer; haber madrugado muchos más días para respirar el frescor, pasear por las húmedas calles, o por los parques llenos de rocío; haber dormido más veces bajo las estrellas; haber chapoteado en los charcos; haber gritado en los acantilados; haberse manchado de barro, pintura…; haberse calado hasta los huesos bajo la lluvia, haber dibujado en su cuerpo con lápices de colores… Haber reído más. Haber reído mucho más. Mucho más con ella. Y mucho más de sí mismo.
         Y tenía que haberla mirado mucho más.
         Ahora, con sus huesos doloridos, sus ojos desgastados, su voz temblorosa y sus músculos entumecidos, a lo único que podía aspirar era a reconocer a su compañera de vida y recibir sus abrazos y cariño. Y no era poco eso, pero quedaba corto, muy corto, porque la factura era dura y muy pesada.
         Sentía que ya estaba todo finalizando. Él estaba acabando.
         Y no le daba miedo terminar, sino hacerlo sin dejar su propio “punto y final”. Por lo menos en las cuestiones verdaderamente importantes de su vida. No quería dejar cabos sueltos. Por eso estaba decidido a escribir sus volátiles recuerdos. Era una forma de revelarse contra su propio e inevitable destino. La única cura que podía resistirse al olvido. Lo escrito, ya no se olvida, aunque no se recuerde.

Pero cada vez lo veía más complicado. Cada vez se le hacía más cuesta arriba. Recordar, a veces era tan duro como difícil. Llegaba incluso a confundir los recuerdos reales con los creados por su propia imaginación. Y había tanto que contar…
         La ventaja era que, entre realidades no dolía nada, no sufría, no recordaba. Lo doloroso se encontraba fuera. Era notar cómo se marchaba poco a poco.
         Se le antojaba ser un avión en la pista de despegue, preparado para elevarse, cogiendo cada vez más velocidad y al fin, elevarse a los cielos en una inclinación imposible. Para nunca volver a aterrizar.
         Abrió los ojos ¿o quizá ya los tenía abiertos? Sí, estaban abiertos. Le escocían por lo secos, aunque no dejaban de lagrimear.
 

          Toño Diez.



Safe Creative #1301284444924

miércoles, 13 de febrero de 2013

Viejo (2 de 4)






Viejo (2 de 4)


          Así  comenzó a pensar… o soñar. Ahora nunca estaba seguro de en qué momento estaba despierto y en cual dormido, pero eso era algo que nunca había dejado de hacer, soñar. Soñar con cualquier cosa, inventar historias, creerse dragón y caballero al mismo tiempo. Dama y corcel. Rata y pirata…

         Con los ojos abiertos, era capaz de volar tan alto como los buitres y tan rápido como el halcón. Era capaz de rastrear la tierra como una lombriz, someterse a los vaivenes de las olas del Mar del Norte, acercarse a tocar la Aurora Boreal o deslizarse por los laterales del  Arco Iris.

         Y mientras hacía todo eso, nunca le temblaba la mano.

         Con los ojos cerrados, huía de terribles brujas con escobas de retama y sombrero de pico torcido, luchaba con toros, caía de enormes precipicios sin lastimarse… Podía volver atrás en el tiempo y hacer lo que nunca hizo, o repetir con más frecuencia lo que hizo poco.

         Poco. A veces dolía más lo que hizo pocas veces, lo que se olvidó de repetir o realizar, que lo que dejó por hacer o hizo mal.

          ¡Por qué demonios no le repetiría más veces lo mucho que la quería! ¡Por qué diantres no habría besado más veces sus labios! ¡Por qué no la habría abrazado más y más fuerte! Si bien es verdad que lo había hecho a menudo y miles, millones de veces, ahora parecía poco. Muy poco.

         Cosas como esas sí que le dolían. Habría resultado tan fácil.

          Toño Diez.




Safe Creative #1301284444924