domingo, 3 de marzo de 2013

Oda al poema anónimo



         Leyendo una belleza, se terminó con un triste nombre: Anónimo. Por lo que no tuve por menos, que experimentar con una "mini-oda", para homenajear el poema.
         Ahí queda:



Oda al poema anónimo



Qué lástima, cuando se llama Anónimo,
mientras su creación, es Bella.
Quizá Desconocido/a, sea más propicio,
dejando la puerta abierta a Usurpado,
pareja en nombre a Pena.

De cualquier forma, la obra permanece,
sea o no de Nadie, Bella.
Permanece, aunque Nadie, sea Perenne.
Aunque Alguien, sea Olvidado.
Permanece, simplemente, porque es ella. Bella.

Sin embargo, no puedo evitar,
que el subnombre, que en mi mente queda,
sea el de Nadie. Y me da pena.
Casi tanta, que a olvidarme me lleva,
del poema.

         Saludos y preciosas letras.
 

          Toño Diez.

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jueves, 28 de febrero de 2013

Pierdes




Pierdes

       

          Es inteligente esforzarse donde y cuando merece la pena hacerlo. Los patéticos carecen de inteligencia suficiente, para vivir en un mundo real.
         Sin embargo, el resultado del esfuerzo vano, sólo trae consigo la idiotez, la vergüenza y la manipulación. Manipulación que siempre se vuelve contra el necio, que llega a padecer un auténtico daltonismo sentimental, confundiendo las manos, para coger la comida.
         Y morirá sin duda, de inanición emocional, pues quien anda en desiertos sólo puede comer arena. 
         Dejemos pues que coma arena, quien tenga hambre de arena. Y alejémonos de ellos, pues sólo pueden salpicar engaños.
         Dejemos pues, que quien sobreexplota sonrisas y afectos, recoja desprecios y silencios. Que quien exige y reclama con ruidos y fantasmas, nunca tendrá por tiempo... abrazos. 
         Y volverán una y otra vez, quien en soledad vive, a gritar y dar codazos a quien con los brazos abiertos les espera, acoge y refugia.
         Pero no hay pérdida para el que tocó y rozó con los dedos, la ilusión de la amistad, sino para el que alumbró con retorcida luz, puesto que la falsedad, supone la base de su madurez.
         No pierde el que nunca tuvo, por intentarlo, sino el que nunca intentó tener, por miedo a perderlo todo. Y la capacidad, se cultiva. 
         Yo salgo ganando. Tú sigues perdiendo.
 

          Toño Diez.

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miércoles, 27 de febrero de 2013


El amigo Goa, nos comparte un poema veloz.





Toda la vida
se resume en una palabra
monosílaba
en un monema
toda la vida.


Goa Domínguez Nieto




martes, 26 de febrero de 2013

La Cordura (2 de 2)



La Cordura (2 de 2)



         Desde dentro, como un estallido nuclear en el fondo del mar, una enorme burbuja de energía se prepara para destruir, primero replegándose como para coger impulso, y después, reventando en miles de millones de puntos de infausta y ridícula ingenuidad de lo ficticio. De lo absurdo. De lo patético.
         Y cada zancada que pego, me acerca más y más a ningún sitio en el que ya no esté. Cada una de ellas reclama su parte de desquiciada histeria. Histeria terrorífica.
         El miedo me invade. Sigue haciéndolo porque el infierno no para. Sigue tras de mí, empujándome incesantemente al abismo de la mente.
         Y las voces que aturden mis oídos, los gritos y ruidos que no me dejan pensar, los miedos terribles que no me dejan sentir… ¡Quiero morir!
         Las paredes se estrechan y me golpean. Ahora se ensanchan, pero soy yo quien corre hacia ellas, chocando con estruendoso  sonido. Paro. Caigo en la cuenta. Los truenos que escucho son cada uno de los golpes que mi cuerpo generan contra las paredes.
         Y tapándome los oídos, caigo sin fuerza, chillando y suplicando perdón. Porque el infierno sigue acercándose. Me duele la cabeza, me arde el cuerpo.
         ¡Y grito, grito, grito...! Mientras me retuerzo, grito. Mientras ellos gritan más fuerte que yo.
         —Ya pasó, ya pasó.
          Consigo distinguir palabras de entre las absurdas mordeduras sonoras de mi cabeza.
         —Tranquilo, ya pasó. Ya está.
         Sí, son palabras. Y caricias. Y brazos.
         —Parece que ya se tranquiliza —oigo decir, mientras las voces se acallan poco a poco.
         —Sí, este tranquilizante es fuerte. Sujétalo un poco mientras le limpio el sudor y la sangre —dice otro.
         Ahora sólo veo oscuridad. Bendita oscuridad. Mi cuerpo exhausto, se relaja. Mi respiración se acompasa. Ya ha pasado.
         Ya ha pasado… Ya ha terminado.
 

          Toño Diez.

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