miércoles, 17 de abril de 2013

Vamos, salta conmigo.




Vamos, salta conmigo.

Vamos.
Vamos a esperar que cientos de estrellas, brillantes, blancas, esplendidas en toda
la amplitud que nuestra imaginación permita, se fusionen. Que sus rallos se entremezclen, repitiendo una y otra vez la misma estrofa de luz.
Y esperemos que esa luz, sea pura, fresca. Que licúe lo sucio y olorosamente seco de nuestro pasado. Que derrita la vergüenza, los fracasos y derrumbe los podridos muros de nuestro presente.
Vamos a esperar que millones de gritos encerrados en nuestro interior, sean capaces de romper la coraza que nos envuelve haciéndonos creer que nos conserva, prometiéndonos sabiduría y futuro de sonrisas, amores y resultados, mientras que nos esconde la realidad de la belleza, el espasmo de frescura que nos espera fuera, más allá. Fuera de nosotros mismos, donde la realidad es tan liviana, que se escapa al menor soplo de brisa; de aliento.
Seamos por fin el resultado de lo nunca cosechado, pues nada que sea lo diseñado, ha de acompañar nuestro paso.
Seamos, sin planificarnos. Estemos, sin premeditarlo.
Vamos. Dame la mano y salta conmigo. No existirá suelo alguno que limite nuestra libertad de exigir, que lo que queremos es el vacio envolviendo nuestros cuerpos, hechos uno en la caída. Desechos cada uno por nuestro lado.
Mírame mientras caemos. Que no existirá realidad que perturbe nuestros anhelos, sino sueño perfecto creado por nuestros ojos, cerrados al mundo. Abiertos en el nuestro. Entornados.
Enlaza tus dedos en los míos, y déjate caer. Nos sostendremos con ellos, porque con ellos no habrá miedo, soledad, ni angustia. Con ellos agarraremos fuerte lo que tenemos. Lo que poseemos y nunca pedimos. Con ellos sujetaremos lo nuestro, lo tuyo.
Vamos, bésame. Fuerte, en los labios; suave en los párpados. Y susúrrame. Susúrrame con aliento, tu aliento. Cántame con silencio, atronador en el ruido, silencioso en el lamento.
Vamos, ven, caigamos.



 

 Texto: Toño Diez. 
 Foto: Iván Arencibia Photography
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miércoles, 10 de abril de 2013

Poema del poemario "Sarna y gusto", de mi amigo y poeta, Goa.



        
Sarna y gusto.

Con infinitas curvas, cual esfera,
pluma en mano ingenias sinfonía;
pintas sobre el papel, ¡cuán maestría!
tomando tan sólo una frase mera.

Casualmente si como tú lo hiciera,
con orgullo el pecho henchiría,
 armando de arrogancia y alegría
lo haría saber a la tierra entera.

A tu avenida, desde breve acera,
que a tus oídos llegue algún día
mando humildes versos de espera.

Gustavo, perdona mi valentía;
eres, afirmo con letra sincera,
Sol de la Prosa, Dios de la Poesía.


 

 Texto y Foto: Goa.

domingo, 7 de abril de 2013

Tengo miedo, Soledad



        

Tengo miedo, Soledad



Soledad, maldita seas.
Maldita seas por condenarme al hastío de la monotonía de la multitud que me rodea, mientras me encadenas sin remedio a la silla de acero que sostiene mi existencia.
Maldita seas por relajar mi necesidad de vivir hasta formar, junto a la eternidad de la pregunta sin respuesta, una caterva de espera amasada sin levadura, sin agua ni sal. Pan insulso de mi existencia.
Maldita seas cien veces, por adornar con expectativas un futuro imposible de alimentar por estar abonado con mentiras imposibles, disimulos acicalados que intentan evadir la realidad, resultado del maquillado presente, tan largo, tan espeso, tan estéril, tan pueril...
Maldita seas por sentarte en mi sitio, tembloroso de esperanzas, pero mío al fin y al cabo, obligándome a ocupar tu poltrona, adornada con el oro del tonto, alumbrada con la luz de un fuego fatuo que ilumina mi fatua mente, retroactiva al estimulo que su propio calor ejerce.
Y ahí me mantienes. Distrayendo mi mente con esperas, mi espera con memeces, mi sentido con caminos. Caminos que no acaban. Caminos que no empiezan. Caminos que no existen, pero que se sienten. Y sólo contigo, se sienten.
Maldita una y mil veces, por quererme. Por quererme tanto que no me dejas, que no me abarcas, que no me sueñas, que no me sientes. Que no me dejas, porque me quieres.
Maldita mil y una noche, porque te odio. Porque te odio tanto, que no puedo dejarte, porque te abarco, porque te sueño, porque te siento. Te odio, y no puedo dejarte. Porque me tienes.
Maldita seas, pero, cuando duerma no quiero dormir sólo. Por favor, Soledad, te ruego, duerme conmigo. Serás mi cuento de noche, como si nunca existieses, como si no te encontrase, como una leyenda, como un simple Rayo de Luna escondida tras las sombras.
Y cuando no duerma, quédate a mi lado, en mis caminatas oscuras. Aquellas de madrugada, cuando los pasos retumban sobre las solitarias aceras mojadas, y hasta el ruido del tabaco en rescoldo,  suena atronador entre el silencio espeso y cristalino de la noche, también abandonada a ti.
Maldita seas, Soledad, pero no me dejes. Necesito no sentirme tan solo, ven conmigo, abrázame, tenme. Hazme la compañía que no permita volverme loco. Háblame con tu silencio, acurrúcame en tus heladores brazos de femenina fatalidad, refúgiame con tu terrorífico aliento en mi nuca... pero no me dejes sólo.
Ojalá marchases para siempre, porque te odio, pero quédate, por favor. Me da miedo estar tan sólo.
No quiero sentirme tan sólo.


 

 Texto: Toño Diez. 
 Foto: Nicolás Saracchini.

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