Foto: Toño Diez
domingo, 18 de mayo de 2014
viernes, 16 de mayo de 2014
BookTrailer de la novela "Borrador de un libro en blanco"
(Para la música de la página para escucharlo bien, esquina superior izquierda)La novela se puede adquirir en la propia editorial:
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borradordeunlibroenblanco@gmail.com
domingo, 4 de mayo de 2014
Primer domingo de mayo
Primer domingo de Mayo
Y
resultó que nunca fui hija, porque nunca tuve madre.
Y
que los días de celebración, no eran tales, sino recordatorios de mi carencia.
Mis carencias.
Resultaba que días antes, en el
colegio, el revuelo que se formaba por la cercanía del gran domingo, nunca me
incluía. Y resultaba que los regalos en manualidades destinados a una madre, se
quedaban adornando siempre mi pupitre.
¡Ah! ¡Qué sensación de vacío, cuando era la única que lo conservaba, el lunes por la mañana!
Era duro saber que el objeto no tendría
destino, pero más sentir las miradas de compasión que la profe me destinaba.
Las indolentes y crueles preguntas de los niños y niñas de la clase, cuando se
enteraban:
―¿Y
para que lo haces entonces? ―preguntaban.
―No
lo sé ―respondía insegura.
―Si
quieres yo se lo doy a la mía ―proponía el más sensible.
―Te
puedo prestar a la mía ―ofrecía el pequeñín.
Como
respuesta, yo lloraba. No sé muy bien si por pena o por simpleza, pues no era
del todo consciente de lo que pasaba, todos me dejaban a solas. Quizá para eso
lloraba.
Pero
para nada lo conseguía, pues si cruel eran los compañeros, más duro campear la
compasión bienintencionada de la profesora. Se acercaba, me tomaba la mano y me
decía:
―No
llores mi niña, que algún día será tu día.
Entonces,
yo callaba.
Enormes
vueltas me dio la vida, desde el cole hasta ser humanitaria. Viajé por el mundo
entero, consolando a los niños que necesitaban, por no tener ni padre ni madre,
ni abrazos que les reconfortaran.
De
esos que de este día no saben nada, ni se enteran de las moscas de la cara. De
esos de miradas perdidas, vientres hinchados y caras sonrisas, sin regalos ni
pupitres para dejar regalos, de manos sucias por falta de agua… donde lavarlas.
Pero
todos los años por estas fechas, yo me escondía por no recordar, que me
faltaban todos los recuerdos, que lloraba por recordar, que nunca celebré nada,
ni tuve nada por celebrar.
Y
nadie me buscaba.
Ahora
tengo ya muchos años, y aún siento lo que me lacra. Y no he querido tener niños, por miedo a ser yo para ellos la que les falta.
Ahora
tengo ya muchos años, y si la madre me sigue faltando, añoro ahora también
regalos, felicitaciones y agasajos. Añoro esos hijos y nietos, que me digan lo que
me quieren, y que me regalen abrazos.
Este
primer domingo de mayo siento que tanto me falta, que bien podría pegar un salto,
hasta el siguiente lunes de Pascua.
Y
ya no puedo esconderme, ni interés en hacerlo tengo, pero me pierdo creando
recuerdos, de lo que nunca fue, y jamás pudo haber sido. De lo que no pasó en
un tiempo, y procuré que nunca fuera un tiempo perdido.
Cada
primer domingo de mayo, yo no celebro nada, recuerdo lo que me falta.
Cada
primer domingo de mayo, recuerdo a quien les falta.
Texto y foto: Toño Diez.
miércoles, 26 de febrero de 2014
La soledad atractiva del silencio
La soledad atractiva del silencio
La soledad atractiva del silencio. Que insulta hasta la
profunda alma del viento, que invierte el tiempo en espacio abierto, la tenue
brisa de la esperanza, en el fulgor del fuego de un perdido anhelo.
El retiro incierto del camino yermo, que un día todo el
mundo pisa, y nadie repara en su atractivo y estéril desierto del tiempo.
¡Espera, que enseguida llego! Y espero, aunque nunca rebaso el cuenco de mi estrecho gozo.
De mi escaso duelo.
Clausura falsa en la que me encuentro, rodeado de callada
afonía, empapado de ocioso talento ¡Qué indolente es su paso, por el camino que
marcho haciéndolo! como quien tropieza en el mismo cerco, en la misma valla, atrapado
en el mismo aliento.
A veces con odio marco entero el cielo, después lo borro… y
espero. A veces me asfixia, a veces me muero, las más entristezco, y sueño
despierto.
Soledad maldita que cubre el otoño que pasa mi cuerpo.
Soledad vendita que me acompaña, por mi vereda en silencio. Ocaso, revuelto.
Texto: Toño Diez.
Foto: Judy Dater
sábado, 28 de diciembre de 2013
Borrador de un libro en blanco (Fragmento del libro)
Borrador de un libro en blanco (Fragmento del libro)
"Su putrefacto aliento resoplando indecentes frases en mis oídos. Haciendo trizas mi voluntad, para convertir mi rabia en servil, mi protesta en indigna, mi cólera en vergüenza y mi vida en cobardía. Aliento que escavando en mi acelerado corazón demasiado joven aún como para sostener la edificación de insano vicio, escupiéndome en cada sílaba pronunciada, decenas de gotas de insulto, de veneno ácido que se filtraba por mis oídos, para destruir por dentro mi cerebro. Gotas de saliva que saboreaba cuando se colaban por mi abierta boca cada vez que era destapada buscando desesperadamente aire, por mi nariz toda vez que conseguía aspirar un centímetro cúbico del preciado oxigeno que se me negaba."
"Borrador de un libro en blanco"
Texto: Toño Diez.
Ilustración: Cristina Caviedes Esteban.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Vivirás para siempre
Vivirás para siempre
Tan alto salté, que tuve miedo. Tan rápido
corrí, que fue el vértigo, quien me acunó entre mis sueños. Fue tan grave mi
error, que la pesadilla del recuerdo,
sirvió como justo castigo, como eterno pozo regresivo. Negro.
“Vivirás para siempre”, me dijo quien habló.
Más jamás pude saber quién fue. Puede que fuese yo, o incluso mi propia voz con
rostro extraño, surgida de insólita boca. Quizá nadie fue quien me sentenció.
Pero lo cierto es que fue, y fue justo. Y temerario.
Y así, fue que desde entonces, vivo. Y así es
como, poco a poco, me consumo, me asfixio, me gasto. Pero no muero.
Y así es que me ahogo entre los recuerdos, de un
sólo y perdido segundo, que se hace eterno y espléndidamente raro y… ¡tan
extraño!
Condenado. Condenado y atado entre mis dedos
me hallo, tropezando con mis nudillos, desnudo de abrazos, esculpido en mármol,
llorando. Riendo y llorando.
“Vivirás para siempre”.
Don y maldición, primero por no morir, segundo
porque no vivo. Que es verdad que nunca estuve del todo cuerdo, pero jamás
quise tener locura por encargo, que no tiene mi cerebro precio justo, si se paga
por él algo.
Sea como sea, estoy de saldo, y sin embargo… estoy
atado.
Maldigo mil veces aquellas palabras, que la eternidad
se ha encargado de justificar, como si fuese lo más adecuado, dejar a una
persona vivir, pudiendo acabar de inmediato. Dejar recordar el suplicio, que
llevó al reo a ese estado. Para siempre.
Vivir para siempre ¿Quién quiere vivir para siempre?
Texto: Toño Diez.
Foto: Nicolás Saracchini Fotografias
lunes, 11 de noviembre de 2013
Utopoética de una guerra 5
Utopoética de una guerra 5
(Fragmento del último capítulo del libro "Relatos, sentidos y utopoesías")
(Fragmento del último capítulo del libro "Relatos, sentidos y utopoesías")
Bajó la cabeza la
madre,
para que se pudiese
ayudar,
del gesto
reflexionando,
y se puso a pensar.
—Puede que tu
talento,
lograse hacer
funcionar,
lo que mi vieja
mente cansada,
intenta idear.
—Habla madre, te
suplico —
rogó el muchacho.
—Me da miedo sin
embargo —continuó—
quedarme sola por
mandar,
que hagas algo que
es improbable,
que pueda
funcionar.
—Señora haremos lo
imposible,
para que todo esto
acabe,
que sin duda
ocurrirá que sea,
para bien o para
mal —
bramó el coronel,
acercándose a escuchar.
—Bien —aceptó la
madre— se intentará.
Todo el mundo se
acercó,
rodeando en grupo
esperando,
escuchar a la
madre,
lo que tenía que
hablar.
Silenciosa tanta
gente, casi espectral,
aguardaba que
comenzase,
y ella comenzó a
relatar.
—Necesito soldado
poeta,
que lleves masa
madre al ejercito,
para el pan.
Que se encuentra al
otro lado del puente,
esperando para
atacar.
Diciendo que es
para los hijos,
que esperan allá,
que se les ha
terminado y no tienen
qué comer si no se
la das.
—Señora es un
suicidio,
para quien pretenda
atravesar,
el puente sobre el
río.
Morirá antes de
pasar.
Morirá sin duda
atravesado,
por una mala bala
que disparará,
algún desgraciado
soldado,
antes de dejarle
pasar.
—No si antes
intentamos,
algún producto
intercambiar —
propuso el soldado
llorón, esperando acertar —
nosotros tenemos
tabaco picado,
ellos papeles para
liar.
A nosotros nos
falta eso,
a ellos lo de
rellenar.
Podemos proponer
este intercambio,
para comenzar a
hablar,
y seguir esperando
de ellos,
buena voluntad.
—¿Del enemigo buena
voluntad? —objetó el comandante—
eso parece soñar.
—Disculpe que le
contradiga, mi comandante,
pero el enemigo no
lo es tal,
que son muchachos
como nosotros,
que les raptaron
para luchar,
por algún señorío
cobarde,
que no se expone a
matar,
y por miedo a ser
matado,
manda a otros a
luchar.
—Sea como sea, fue
como fue.
Y armados hasta los
dientes,
están dispuestos a
disparar.
Y en cuanto
aparezca tu testa,
te la volarán.
—insistió.
—No pretendo
arriesgarme,
a dejar este mundo
sin más,
pero si soy cobarde
por no matar,
soy valiente para
morir.
Que lo temeroso es
intentar vivir,
sin molestar
siquiera,
sin alzar la voz
por donde sea,
sin intentar creer
en uno mismo,
ni defender razón
por miedo a que alguien,
se pueda incomodar.
Que el miedo
aterrador de morir de miedo,
no es mayor que
hacerlo sin más, por evitarlo.
Y para mí, mi
comandante,
eso es
verdaderamente luchar,
que disparar es
apretar un gatillo,
pero combatir es
mucho más.
Dispuesto estoy a
que me maten,
si con ello puedo
evitar,
la misma suerte a
alguien.
Y aunque no lo
pudiese evitar,
la mera acción vale
la pena,
que da sentido a la
vida,
y no intentarlo lo
quita,
y aumenta una pena,
a la suma de la
muerte
que me pueda
causar.
—Sea —aceptó el
comandante—
Sea y que jamás
pueda decir alguien,
que un poeta es un
cobarde,
ni que no sabe
luchar.
Texto: Toño Diez.
Foto: Nicolás Saracchini Fotografias
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